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Laura Morán Iglesias

Página web y blog de Laura Morán, escritora de fantasía y ficción.

mes

agosto 2017

[Microrrelato] Eclipse

Este microrrelato nació durante el eclipse de sol del 21 de agosto, que por desgracia desde mi casa no se veía. También nació a petición de un familiar, que me pidió que “le escribiera algo”. Aquí tienes ese algo: espero que te guste 🙂

Eclipse

Cuando la Luna y el Sol chocaron, todo se estremeció bajo ellos. La tierra se oscureció y perdió su color, y el aire se llenó de sonidos que viajaban por las nubes. La Luna se tapó los oídos: no quería escuchar nada, no aquel día, no en aquel instante por el que ella vivía. La Luna amaba su mundo y su lugar en el universo: era el faro de la noche, que daba luz a aquellos que habitaban la lejana Tierra. Le gustaba ser motivo de esperanza y protagonista en sus cantos de amor. Lo que más le gustaba era reflejar la luz del Sol sobre ellos, moldeándola a su gusto, mostrando solo lo que ella deseaba mostrar.

No cambiaría su trabajo por nada, pero había ocasiones en las que no era suficiente. Había días en los que se sentía sola. Cuando las estrellas no eran compañía suficiente, y las nubes que la arropaban no conseguían hacerla entrar en calor, la Luna se precipitaba de nuevo hacia el Sol.

Lo echaba de menos.

Aquel día, el Sol la recibió con los brazos abiertos, y mientras en la Tierra los seres de carne se estremecían por la pérdida de la luz, ella se estremecía en el cálido abrazo que le brindaba su amante.

Sabían que no podían permanecer demasiado tiempo juntos. Sus trabajos eran demasiado importantes: iluminar el día e iluminar la noche. Además, la Luna se derretiría y el Sol se congelaría si su tacto era prolongado, pero se habían echado de menos.

Durante unos segundos, fueron uno, y entonces la Luna se separó de nuevo.

—¿Hasta el próximo eclipse? —preguntó con voz queda.

El Sol sonrió.

—La próxima vez, iré yo a buscarte.

En la Tierra, el alivio colectivo de los seres de hueso subió como un suspiro. La Luna volvió a su oscuridad, y aquella noche brilló con una fuerza inusitada. Hasta que volvieran a encontrarse, brillaría como nunca y se aseguraría de que el Sol nunca la perdiera de vista.

Fin

¿Os ha gustado? ¡Más microrrelatos pronto en el blog!

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[Microrrelato] Ryl

¡Vuelvo con un nuevo microrrelato! Hacía tiempo que no os traía ninguno, ¡ya tocaba! En esta ocasión, el tuit en el que se basa el relato os lo dejo al final, ¡porque es un poco spoiler!

Ryl

El pegadizo hilo musical sonaba desde los altavoces. Habían repetido tantas veces aquel tema que Nerea lo tarareaba entre dientes sin darse cuenta, mientras paseaba por las casas de exposición.

—Este dormitorio está muy bien. ¿Tú qué opinas?

Su pareja se encogió de hombros y siguió avanzando entre las camas con dosel y los falsos salones. Uno de los sofás captó la atención de Nerea y se lanzó sobre él, comprobando su comodidad. Podía hacerlo sola: sabía que a Ryl no le interesaba lo más mínimo el interiorismo. Para ella, lo mismo daba un sofá que otro, mientras ambas pudieran sentarse a ver la tele juntas.

Además, ir al IKEA le daba dolor de cabeza. Mejor se encargaba Nerea de todo. Bastante agradecida estaba de que hubiera decidido acompañarla.

Así que Nerea se puso manos a la obra y seleccionó todos los muebles que decorarían su nuevo hogar. El dormitorio en tonos claros, con una colcha blanca bordada en flores doradas para que Ryl se acordara de su hogar todas las noches, antes de dormir. Los muebles del salón de colores vivos, y varias estanterías altas para que se paseara la gata siempre que quisiera. Un sofá cama de tres piezas, suficiente para ellas y las posibles visitas.

La cocina, de mármol rojo. La mesita y las sillas de la terraza, en mimbre entretejido. Una cortina para la bañera que imitaba las olas del mar. Y un espejo de pie bien grande, para que Ryl pudiera vestirse cada mañana mientras ella la observaba desde la cama.

Cuando llegó a casa, Nerea estaba exhausta, pero satisfecha. Los muebles llegarían al día siguiente, así que se tiró en el maltrecho sofá que tenían. Junto a la tele en el suelo y un viejo futón en el dormitorio, era todo lo que tenían. Ryl se acurrucó junto a ella en silencio, y Nerea depositó un suave beso en su pelo rojizo.

—Ryl…

Ryl no respondió.

—Ryl, ¿estás bien?

Ryl la observó, con los ojos grandes y azules que parecían una ventana al mar.

—¿Por qué has hecho todo esto? —preguntó. Su voz apenas era audible.

—¿A qué te refieres?

Nerea sabía a qué se refería, pero no quería afrontarlo.

—Los muebles, la casa, planear nuestro futuro juntas.

—Porque te quiero, Ryl.

—Pero no soy real, Nerea.

Oírla decir esas palabras fue como un jarro de agua fría, un golpe de realidad que Nerea no quería enfrentar. La luz traspasaba la piel de Ryl, como siempre había hecho. Su presencia en su hombro era solo una caricia, no pesaba nada. Su voz, un susurro.

Una compañera que solo ella podía ver, como siempre había sido.

—Me da igual, Ryl.

Y volvió a acurrucarse contra ella. Ryl ni siquiera existía, pero la amaba.

Fin.

¿Qué os ha parecido? La petición es de Noomi, que me dio la frase “Ryl ni siquiera existía, pero la amaba.”

¿Os ha gustado? Si es así, ¡comentad! Y si os ha gustado mucho, siempre podéis dejarme un cafecito para que siga escribiendo 😉

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